OPINIÓN E IMAGEN
Orgía
Tomás Cuesta
Hasta la fecha, visto lo entrevisto -¡Y lo que queda por verte, chacho!-, la crónica marciana y majareta de la «repúbica» latiniparla tendría que hacerla Eugenio, que es una mixtura de Gracián y los «Blues Brothers», o, metidos a ahondar en la llaneza, un cóctel de Aromas de Monserrat y ginebra de garrafa. Tampoco a Gila se le daría nada mal ilustrar esta guerra de brocha y de plumón, de cumbres borrascosas y oscuros bajonazos: «¿Está el enemigo?» «Está con el ministro» (o la ministra: en lo que hace a servidumbres lo mismo te la dan con calzoncillos que con bragas). «Pues le dice que se ponga a tiro, que habíamos quedado para matar el rato». El chiste es una fumarola metafísica: el hipo de un volcán lleno de baba. La cáscara, la peladura, el envoltorio. Es la monda, vamos.
Así pues, a lo que vamos: ¿Saben aquél que diu...? Esto es un payo al que le invitan a una orgía y él, al principio, se hace el remolón: «Hombre, mira, es que no sé, a mí estas cosas me dan cierto reparo. Igual llego y después no doy la talla». «Que va, tío, que va», le dice su colega. «Allí todo es muy "cool", de muy buen rollo, como una de esas pelis de Terenci Moix, pero sin legionarios en minifalda». Total que van a un piso que parecía un ministerio, con mucho salón y mucho cuadro, se apaga la luz y se enciende la casa. ( Ustedes disculparán la referencia a Luis Rosales, pero al hablar de los romanos de Terenci se te pone la prosa azul y oro, entre García Lorca y Girón de Velasco: «Anda jadeo, jadeo, ya se acabó el alboroto y ahora empieza el cachondeo...») En fin, que aquello parecía una novela de Almudena Grandes. O una vivienda de protección oficial, tales eran los ruidos y las humedades.
De pronto, en plena polvareda, se tronó una voz de mando:«¡Organización!» Pero como es «très mal elevé» hablar con la boca llena -pregúntenle, si quieren, a Carlos García Calvo-, nadie se dio por enterado. «¡¡Organización!!», volvió a gritar el interfecto -el interruptus, en este caso- y todos dale que te pego y ñaca que te ñaca. Hasta que, al fin, se encendió la luz y el tipo del principio, el que venía a la corrida de torocantano, dejó a la concurrencia en bolas, como Achero Mañas a José Luis Garci:«¡¡¡Organización, coños*, organización!!! Desde que me he quitado los gayumbos ya me han dado tres veces por el culo** y todavía no he catado una guayaba".
O sea, que si quieren entender el lío entre Exteriores y Cultura, aplíquense el cuento a rajatabla. Es, con trampa y con cartón, como si hicieran la prueba de la rana. ¿Quiénes han estado veinte años sin mojar y, a fuer de torticeros, sin mojarse? ¿Quiénes sustituyeron los alejandrinos por los versos de pie quebrado de tanto meter la pata y esconder la zarpa? ¿Quiénes, en fin, declaman «¡Qué viene el zorro!» para que Caperucita ex-roja se esconda en un Castillo con prosapia? El día en que a alguien le dé por encender la luz no vamos a saber a quién encomendarnos: si a San Miguel Arcángel o a San Alberto Magno.8.02.01